El barrio de San Bruno en Xalapa, es una publicación que pongo a su disposición a partir del mes de Septiembre del 2012, con la intención de dar a conocer la riqueza social, cultural e histórica que el barrio de San Bruno brinda no sólo a la Ciudad de Xalapa, sino a todo el estado de Veracruz..
Mención aparte merece la extinta Fábrica de San Bruno, donde se dieron toda una serie de hechos histórico-sociales, en los que hoy por hoy constituyen nuestro máximo legado histórico que dieron nuestros obreros textiles; por pocos conocida y ocultada por los intereses trastocados.

martes, 22 de julio de 2014

Oliverio Gutiérrez Barrientos

Grandes Misterios de San Bruno.

Juan José Llanes Gil del Ángel.

Sobreviviente del asalto a San Bruno.

Vivencia de  Oliverio Gutiérrez Barrientos, un hombre sin homenajes, pero feliz.
diciembre 9 de 1997

Sr. Oliverio Gutiérrez Barrientos. 
Si el 28 de agosto de 1924 Oliverio Gutiérrez Barrientos no se hubiera escondido entre las máquinas de la fábrica de San Bruno, la historia de cómo ocurrieron los hechos o su vida misma jamás se habría contado… Porque al no hacer caso a Ezequiel Alatriste  – quien le pidió que lo acompañara a ver cómo se llevaban al resto de los obreros- y la falta de valor de los gavilleros que asaltaron la fábrica, quienes no se metieron entre los telares, don Oliverio se salvó.

Ahora, a más de setenta años de distancia, en la quietud de su casa en la colonia 21 de Marzo, Oliverio Gutiérrez Barrientos describe sus aficiones ( la pintura, el dibujo, el tallado de madera), su orgullo de ser padre, abuelo y bisabuelo, así como la anécdota que le marcó la vida: estuvo en el lugar incorrecto, en la fecha equivocada, a la hora trágica en que murieron casi una veintena de personas – incluyendo a un panadero y dos lecheros – durante el asalto a la fábrica textil de San Bruno. Él vivió para contarlo.

En aquellos <<tejedistas>> tiempos, los obreros llegaban armados a su centro de trabajo para proteger a la fábrica de las gavillas que asolaban la región y que encabezaban Uriel Martínez, Antonio Virués, Ricardo Arenas  y David Franzoni; pero aquel 28 de agosto les quitaron los máuser y las 30-30.

Dn Oliverio especula frente al entrevistador sobre la <<repartición de responsabilidades>>; a fin de cuentas si los textileros hubiesen estado armados…Los terratenientes tenían miedo de los sindicatos obreros, de los campesinos; temían que les quitaran sus fincas y por eso pagaban a guardias blancas, que además asaltaban y robaban.

Entre los mismos facinerosos había problemas, disputas de poder, peleas por las armas; la fábrica era un objetivo de asalto, sobre todo por la gran cantidad de pistolas y carabinas que los trabajadores  traían. Armas que ese día los patrones – por alguna razón desconocida – les prohibieron meter a la textilera y que el obrero Oliverio Gutiérrez escondió en su casa.

Don Oliverio recuerda a los <<Zaldo Hermanos>> y a los <<Rivera>> como patrones, y por lo menos doce gerentes y administradores; comenzó desde abajo – como barrendero -  y llegó a ser jefe de almacén  de refacciones. Sindicalista también, alcanzó el liderazgo del Sindicato Industrial de Empleados Textiles del que fue Secretario General en 1946, el cual agremiaba a los obreros de las fábricas de San Bruno, El Dique, La Purísima y la Fama. También fue parte del equipo de Morones en los incipientes años de  la CROM, como secretario del Exterior del Comité Central.

Los inestables años veinte trajeron consigo, no obstante, la prosperidad  de las textileras; las telas de San bruno se distribuían en Uruguay número 25, en la ciudad de México, asiento de <<Zaldo Hermanos>. Oliverio, joven y soltero por aquellos tiempos, vivía en Lucas Martín con sus padres y hermanos; le había tomado gusto al oficio que desempeñaría para sobrevivir, luego de haber sido ayudante de telares en la fábrica La Criolla, cuando era niño.
Acostumbrado a hablar sobre la fábrica de San Bruno y de la matanza de aquel aciago  28 de agosto, don Oliverio, con sus noventa y un primaveras recuerda con nostalgia que la prensa, hasta hace algunos años todavía, acudía a él para que les contara la anécdota. Ahora ya no.
Probablemente su sorpresa responda a que la historia de la fábrica y del barrio sólo nos interesa porque forma parte  de la suya; vamos por su historia – le digo -. <<Háblenos de usted.>>
Entonces don Oliverio, veloz todavía, abre un cajón de trinchador de la sala y saca fotos, oficios, recortes de periódico; muestra sus trabajos de madera incrustada, el bastón que se hizo con madera y bejuco, el retrato  de sus nietos en Arlington, la credencial que lo acreditaba como corresponsal del periódico El Nacional en 1934, su diploma por haber servido en el Ejército en 1942, los oficios que firmaba como líder sindical…

Tres fotografías guarda con especial afecto: la suya a la edad de seis años, tomada en 1912 por <<Jiménez, el único fotógrafo que había en Xalapa>>; otra que le dedica a su esposa en 1937 y la de su boda en 1940.

Recuerda con cariño a don Juan E. Longuet  -a quien respetuoso llama <<mi maestro>> -  y con  rabia la manera en la que acaba sus días el ilustre educador: <<abandonando en Coatepec, requiriendo ayuda para cruzar la vía del tren Xalapa-Teocelo>>.

Sin tanta veneración, pero con nostalgia, hace memoria de sus compañeros del Instituto Xalapeño – aquel que estaba en la calle de Belén, hoy Lucio-, entre ellos Carlos Lascuraín, José Tanos, Manuel Nogueira y otros cuyos nombres ahora llevan las placas de las calles.

Allí en el Instituto –al que lo llevó su padrino Rafael Jiménez, sobrino de Juan E. Longuet- don Oliverio tomó lecciones de Instrucción Moral, Urbanidad y Buenos Modales, Lectura explicada en prosa y verso, Gramática castellana explicada, Aritmética elemental, teórico-práctica y mercantil, teneduría de libros… <<y dibujos>>, agrega contento, cuando muestra fojas amarillas ( de 1919 y 1920)  con dibujos a lápiz.

En la pasta del folleto que ilustraba al  instituto se leían los costos: los internos pagaban sesenta pesos, los semi-internos cincuenta y los externos seis pesos. Don Oliverio aclara que él sólo pagaba cinco, gracias al maestro Longuet, pero eso no lo hace sentirse  menos porque <<eran pesotes de oro>> que se los devolvían por hacer, entre otros servicios, el de mozo en la casa del dueño del instituto. Años más tarde él escribiría y publicaría la vida de Longuet.
Bravo como sindicalista, muestra los recortes de prensa en los cuales fustigó a los nuevos dirigentes sindicales. Comenta que participó en la planilla de Morones en la CROM. Es de recordar la frase aquella que circulaba durante los años del boom sindicalista, aludiendo a las siglas de la Confederación Revolucionaria de Obreros de México: Cómo Roba Oro Morones, a la que los trabajadores respondían volteando las siglas:

Más Oro Roba Calles…
-       ¿ Es cierto que Morones era mala gente…?
-       Tan malo como todos los que hay ahora…

Ahora , viendo morir al siglo que junto con él nació, da la impresión de que sobrevivirá también el fin del que le sigue. Cobra su pensión de 800 pesos como jubilado desde 1970. Fue amigo de todos los que cayeron en la fábrica de San bruno, y aun cuando no hay calle que lleve su nombre don Oliverio Gutiérrez Barrientos es feliz; sobre todo porque está vivo. 


domingo, 20 de julio de 2014

ALBERTO CALDERÓN CÓRDOBA

GRANDES MISTERIOS DE SAN BRUNO

 Inocencio Castañares 


Vivencia de Miguel Ángel Tirado Calderón

Julio 12 de 2014
Don Miguel Ángel Tirado Calderón, “La historia oficial es la que conozco

28 de agosto de 1924

Hace setenta y cinco años nací en lo que se conoció como Lucas Martín, aún dentro del municipio de Banderilla, Ver., aunque desde los cuatro años 1943 llegué a radicar a la entonces congregación 21 Marzo perteneciente a Xalapa, siendo en 1957, precisamente el 8 de mayo, cuando ingresé a la Fábrica de Hilados y Tejidos de San Bruno, hasta el año de 1991 en que me separé por invalidez y fui pensionado.

Sobre la masacre del 28 de agosto de 1924, poco puedo decir más que la historia oficial dado que el lapso de quince años, de 1924 a 1939 año de mi nacimiento y de treinta y tres de mi ingreso, nubla un poco el entendimiento, refrescado únicamente por el homenaje que año con año se realizaba.

De ahí que recuerde que fueron asaltados por malhechores cargándolos de rollos de tela producidos en la factoría, los cuales debieron tener un diámetro de 50 centímetros, un metro de ancho y alrededor de 30 kilogramos, la forma en que pudieron haber soportado su peso es escalonándose, es decir una distancia lo llevaba uno y otro tramo un compañero más. O de uno por obrero y apurándolo. Se los llevaron para esconderlos. Son robos y la mercancía quién sabe dónde quedó. Buscaban al producto.

Era una gavilla de malvivientes a eso era lo que se dedicaban, no creo que hayan estado al servicio de terratenientes, no sé cuántos hayan sido. Lo que permitió tomarlos indefensos es en gran parte el sonido que no permitía oír lo que pasaba en el exterior, además de los sorpresivo.

Respecto al camión de la fábrica que transportaba el petróleo del Callejón del Petróleo a ese centro de trabajo, manejado por Ramón Fernández, sí lo conocí cuando llegué pero se veía que ya no hacía nada, ignorando si le pagaba la empresa o no. No se si de verdad participó en el asalto.

De acuerdo a mi experiencia, no encaja lo de los mártires pues no murieron por una causa noble, simplemente los mataron adrede. No entiendo la razón por la cual los llamaron así.

En cuanto a una de las fuentes documentales como es el libro que hicieron los obreros de San Bruno, preciso que la fábrica “La Claudina” como la mencionan, no estaba en Lucas Martín sino en Los Molinos - Perote y en Lucas Martín se estableció “La Criolla”.

De mi tío Alberto Calderón Córdoba, se que fue hijo Pedro Calderón, al parecer comerciante, y de Micaela Córdoba. Supongo que nació en Lucas Martín, a su muerte contaba con 24 años de edad aproximadamente, era bajito tal vez 1.60 m, sólo tuvo una hija Ángela Calderón, que ya no conoció por haber nacido también en 1924 pero en octubre, quien vive en México, D.F. y a la fecha cuenta ya con 90 años. Y hasta donde estoy enterado no fue comunista.

Por mi parte ya no lo conocí, pues mi nacimiento ocurrió quince años después, en 1939, ignorando cuál era su ocupación como obrero.

Es difícil que yo conozca o hay oído de familiares no porque yo no me crié por allá, en tanto que de la 21 no hubo mártires. Y sobre el comunismo ha habido temor de hablar de él so pena de echarse encima al gobierno y desconocer la doctrina.

Se dijo que Adalberto Tejeda Olivares era comunista y que estaba en contra del clero.

miércoles, 16 de julio de 2014

¡LÁRGUENSE VIEJAS! ¡VÁYANSE!

Grandes misterios de San Bruno.


Inocencio Castañares

Vivencia de Otilia Castañares Vásquez
Julio 14 de 2014

Manuela Vásquez Nava y Otilia Castañares Vásquez


Me platicaba mi mamá

28 de agosto de 1924.

“Eran como las diez de la mañana –recuerda mi mamá Manuela Vásquez Nava-, yo estaba lavando en los lavaderos de “La Bolsa”, cuando de pronto empezaron a llegar muchos, pero muchos ‘guerrilleros’ con armas, qué se entiende carabinas, y gritándonos ‘¡lárguense viejas!’, ‘¡váyanse’, que fue la voz de arranque para todas las que estábamos en ese lugar. Yo me fui volada para la casa llegando a mi cuartito para abrazar a mi hijo Timoteo Hernández Vásquez quien estaba pegado a la pared muy espantado pues hubo muchos disparos y escándalo, sin que volviera yo a salir por eso no me di cuenta del tiempo transcurrido en que se fueron los facinerosos.” Qué incongruencia al ahuyentarlas los pistoleros les salvaron la vida.

Sr. Timoteo Hernández Vásquez
Se refería a La Bolsa del Diablo que era una cuartería donde vivían los obreros de la Fábrica de Hilados y Tejidos de San Bruno, solos o con su familia, la cual se ubicaba en la parte de atrás de ese inmueble ya pegada al arroyo que por ahí corre; lavar la ropa era su medio de manutención tras haber quedado viuda; a los lavaderos acudían todas las mujeres de esa zona; su casa –que estaba por la represa- se las rentaba a ella y a sus hermanos el señor Manuel Norato, la compartían pero en cuartos separados. Los guerrilleros eran en realidad asaltantes sin más fin que el lucro.

De momento “no acataron” a que se debía ese desorden, al tranquilizarse, el saldo no pudo ser más desgarrador. Como todo era reciente no podían precisar a cuántos obreros se llevaron los delincuentes, pero sí se enteraron que la gran mayoría había logrado huir, entre ellos recuerda a su compadre Rómulo García Falfán quien se escondió en el río; de la muerte de un panadero que pasaba por ahí (Fidencio Ocaña); uno más, Alberto Calderón, del cual platicaban sus familiares que era un jovencito de dieciséis años a quien asesinaron a balazos por irse a asomar a ver lo que sucedía desoyendo los consejos en contra (Sobre este hecho bueno es consignar que doña Tila no vivió los hechos sólo es testigo de oídas).

La versión de que iban borrachos los agresores fue confirmada porque antes del arribo a la fábrica, los maleantes asaltaron la tienda de don Manuel Norato ubicada en la orilla de enfrente a la factoría ¡llevándose todas las botellas de licor! Y por esa razón su agresión fue desordenada pero sumamente sangrienta. Más adelante se encontraba la carnicería de don Ruperto Cortés, la cual no molestaron.

Sr. Ruperto Cortés
A la distancia se impuso la versión de que había sido un asalto, pero en la época cercana a esa agresión prevaleció la creencia de una represión a los obreros por su filiación comunista.

Un incidente curioso fortalece esta idea: por el lugar por donde está ahora la iglesia consagrada a San Bruno se encontraba el señor Ángel Martínez, obrero, afecto al alcohol, que al ver el impresionante grupo de individuos que se acercaban accionó su carabina hacia arriba en varias ocasiones a la vez que gritaba “¡AHÍ VIENEN LOS SOLDADOS!”

Otra más fue que se rumoraba insistentemente que a los obreros los habían armado, sin precisar quién ni la razón, pero ese fatídico día no llevaban esas armas. Coincidencia mortal.

Tampoco se ha logrado aclarar si fue asaltada la administración, el local pues, o alguno de sus empleados, ni el tiempo que duró esta insensatez.





miércoles, 9 de julio de 2014

Un asalto mimetizado.

Grandes Misterios de San Bruno 


Inocencio Castañares. 

Vivencia de Alejandro Hernández Ortíz
Don Alejandro Hernández Ortiz, “Confieso que fue lo que verdaderamente oí
En rededor del año sangriento de 1924 y en éste mismo, hubo una inusitada actividad comunista en el país a la cual San Bruno no fue ajeno, incluso las consejas populares atribuían el nombre de la “Bolsa del Diablo” a que eran los comunistas quienes ocupaban esa cuartería destinada a los obreros de la fábrica textil. No era extraño escuchar “Arriba el Partido Comunista”, “Arriba Lenin”, “Arriba Rosa Luxemburgo”.

Tiempo fértil para la calumnia parió la acusación de que los obreros textiles estaban armados, produciéndose un peligroso caldo de cultivo para la represión, pues en ese tiempo el gobierno atacaba mucho a los comunistas. Las únicas armas con que contaban nuestros familiares trabajadores, eran su peine para desenredar tejidos, tijeritas y navas, simples herramientas de trabajo, que sólo servían para espantar el sueño dado su inocuidad.

Platicaba mi abuelita Rita Huerta que fue entre las 11 y las 12 horas de la mañana, cuando se suponía que los obreros estaban en plenitud de sus labores, totalmente concentrados, sin grandes posibilidades de escuchar algún sonido del exterior por el intenso ruido que producían las máquinas; divididos en varios grupos y por diferentes accesos penetraron al edificio los facinerosos que comúnmente se conocían como los “Rebeldes”. Por el frente, por la loma, por la entonces vía del ferrocarril ahora Ruiz Cortines.

Por aquel tiempo, al frente del edificio estaban cuartos-habitación para obreros, que con la modernización desaparecieron; en tanto que atrás estaba la fábrica, los lavaderos y la “Bolsa del Diablo”, que no tan sólo eran viviendas sino también escondite. Ahí llegaban comunistas de varias partes de la república los despatriados de otras partes por haber cometido algún delito y les decían “te vas a Orizaba”, “te vas a Xalapa.” Toda la zona fabril del estado pertenecía a esa doctrina, era una corriente muy fuerte.

En cambio, los “Rebeldes” estaban al servicio de los terratenientes, dueños de grandes extensiones, temiendo que los comunistas se los quitaran. Y en esa ocasión se supone que se juntaron más para el asalto. Si bien es cierto que por ese tiempo se hablaba de la “Mano Negra” o de guardias blancas, como grupos de pistoleros al servicio de terratenientes, lo que yo recuerdo es que a los asaltantes de la fábrica se les conocía como los “Rebeldes”.

Más de cien trabajadores componían el total de la fuerza laboral, que se hicieron trescientos ochenta y dos con la modernización. Se trabajaba en dos turnos, uno de las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, el otro de las 5 de la tarde a las una de la madrugada. Por tanto serían cerca de cincuenta compañeros que componían el turno cuando se suscitaron lo hechos.

A pesar de la sorpresa muchos se “juyeron”, otros se escondieron en los cuartos de las calderas, unos más se escaparon por el río o por donde “Dios les dio a entender”, y por eso nada más agarraron a diez. Mi padre Gonzalo Hernández Huerta, logró salvar la vida escondiéndose debajo de su telar que tenía huecos que le permitieron ocultarse y como los supuestos asaltantes recorrieron todo rápido sin poner suficiente cuidado, pasó desapercibido. Él trabajaba como tejedor en el turno matutino.

Por aquellos días, la fábrica contaba con un camión viejo del cual no recuerdo la marca pero le llamaban “La Güichita”, conducido por Ramón Fernández, de origen español; era utilizada en cargar el petróleo para la fábrica; asimismo, transportar la producción de tela ya terminada a la “Casa Olivier” que se ubica aún en la esquina de Enríquez y Leandro Valle en el centro de Xalapa, negociación que tiene muchísimos años de existencia.

Con la producción de telas formaban rollos con un diámetro aproximado de 50 centímetros y entre 80 o 90 centímetros de ancho, tal vez con una longitud de 100 a 50 metros, de entre 30 a 40 kilogramos, porque se trataba de telares de la fábrica vieja.

Sí se trató de mártires porque fue una masacre, estaban indefensos, el panadero no traía armas sólo pambazos o bolillos. En realidad sí fue dramático. Difícilmente se puede pensar en un asalto pues calculo que cada persona podría cargar entre dos y tres rollos, por un corto período de tiempo, por ello fue que cargaron la “Güichita”. Aunque no se sabe cuál iba a ser el destino, la orientación fue hacia la Luz del Barrio o Tlanelhuayocan ¿cuál nicho de mercado? Ni el precio sabían los agresores; puede presumirse en consecuencia que unos cuantos metros los venderían en los pueblos aledaños y lo demás repartirse entre ellos. Definitivamente lo conseguido no fue redituable para considerarse un asalto en forma, por lo demás fueron telas en bruto, aún no aptas para su comercialización.

Algo más llamó la atención. El camino que tomaron era para las bestias de los arrieros donde transportaban madera que con el constante recorrer hicieron zanjas y en una de ellas se sumió el camión al orillarse en el camino que no era para carros. Ahí se atoró sin poder avanzar más, dejándolo en libertad y entonces sí cargaron a los obreros.

Tiempo después un sujeto que dijo ser de los pistoleros, dio informes en el sentido de que a los obreros los llevaron a Plan de Naranjillo, localidad de la congregación de San Antonio Hidalgo, del municipio de Tlanelhuayocan, cavaron sus fosas que fueron dos hoyancos y los balacearon, arrojándolos al interior, unos moribundos, heridos o muertos. Los guió y encontraron puros huesos pues ya tenían un año. No se explican cómo llegó ese individuo cómo les dio informes y cómo no le hicieron nada. Hasta se pensó que le remordió la conciencia.

Nací el 26 de octubre de 1921, la narración de los hechos la conocí muy de cerca, no fue registro documental sino tradición oral, sólo agrego que la calle principal del barrio se conocía como Calzada de San Bruno, después de la masacre avenida Mártires del 28 de Agosto y que al nombre de uno de los mártires es José D. Hernández, aún joven cuando le arrebataron la vida.


De lo relatado pienso se desprende que no hubo complicidad de la administración de la fábrica, tal vez tolerancia a una decisión de los grupos de poder de la época, buscando desterrar el comunismo en esta región como hechos subsecuentes lo demostraron. Significativo o no, las labores en la factoría no se interrumpieron.


miércoles, 2 de julio de 2014

El Héroe Anónimo : Andrés Montes.

 Ignacio Lara Hernández

* Andrés Montes Cruz 
Al tratar de rescatar uno de  los nombres que ha tenido nuestro terruño, para  de esta forma  enaltecer su memoria es sin duda Andrés Montes . En la página 9 del libro “Datos Históricos de Nuestro Sindicato Emancipador Revolucionario de San Bruno”,  dice :

“La Fábrica de Hilados y Tejidos de San Bruno, situada desde un principio en la congregación de “Molino de la Pedreguera” perteneciente al municipio de Xalapa, Veracruz (éste era el nombre de la congregación en aquellos días, hoy ‘Andrés Montes’), que se localiza al Noroeste de esta ciudad capital.”

Recordemos que el libro del sindicato textilero se publicó en 1989 y en éste, todavía se refería en ese año  al Barrio de San Bruno  como la “Congregación Andrés Montes”. Pero éste no es el único ejemplo, ya que al barrio  también  se le conoció como  Molino de San Roque. Aquí curiosamente cabe señalar, que nadie de la vieja guardia del barrio supo decirme quién fue Andrés Montes, ni desde cuando se le empezó a llamar de esta forma.

Pues bien, el pasado fin de semana me enteré de la existencia de uno de tantos héroes anónimos de la gesta heroica en Veracruz  de 1914. Ni tarde ni perezoso, apenas llegué a mi casa, indagué de quien estábamos hablando y mire usted lo que a continuación pude encontrar:

Su nombre completo fue Andrés Montes Cruz, y fue un héroe de carne y hueso  que participó con decisión y patriotismo el día 21 de abril  de 1914 en la heroica defensa del Puerto de Veracruz ¿Pues qué hizo para merecer tal honor? Dentro de los apuntes del Coronel Manuel Contreras de la intervención norteamericana en Veracruz (1914), y que podemos encontrar en el libro de Justino N. Palomares: “La invasión yanqui en 1914”, se encuentra lo siguiente:

Andrés Montes Cruz. Maestro carpintero. Pertenecía al Cuerpo de Voluntarios de Veracruz. A la hora del desembarque de los primeros soldados de infantería de Marina, corrió a las puertas de las galeras de la Prisión Militar y reclamó su arma y parque y marchó con la pequeña columna a mis órdenes. Al llegar al Portal de la Parroquia, como salieran los primeros grupos, Montes tomó el mando de uno, y así llegó hasta la esquina de Hidalgo y Lerdo a donde vivía su familia y según refieren los que lo acompañaban, los abandonó por unos instantes para irse a despedir de su esposa y de sus hijitos, a quienes escribió en una botica una especie de testamento, regresó en seguida, dirigiéndose con los suyos por las calles de Arista, para entrar en las de Zaragoza, pues según se le había ordenado, que perdiera el contacto con las fuerzas que defendían los portales y calles inmediatas, para que él y los suyos prestasen su contingente en los puestos menos defendidos.”

Habían pasado dos horas cuando un paisano del grupo de Montes regresó con la noticia de que Montes se encontraba gravemente herido. Se nombró una pareja de voluntarios en la que iba Víctor Velasco y en un catre que proporcionó la casa comercial "La Norma", fue conducido casi moribundo al Hospital Militar, donde lo recibió el doctor Arcadio Ojeda. Estos hechos pasaban como a las siete de la noche del 21 de abril. Instantes después falleció el patriota Montes Cruz, enviándose su cadáver con otros al Hospital de San Sebastián.”

María Luisa Melo de Remes, en su libro “Veracruz Mártir”, consigna el testimonio de Aurora Montes (una de las hijas de Andrés); por lo que ahora sabemos  que fue lo que escribió en esa farmacia, y que además,  fueron unas palabras dirigidas a su hijo menor:  “Hijo mío: si algún día vuelve a repetirse esto que está pasando ahora, defiende a tu patria como lo estoy haciendo yo. Tu padre, Andrés Montes”. Y es que lo más trágico del asunto, fue que Andrés Montes tenía 6 hijos y 35 años cumplidos al momento de su muerte.

Y abundando más al respecto, ante los ruegos de su esposa para que no saliera más de su casa, Andrés Montes exclamó: ahorita no tengo madre, ni esposa ni hijos. Sólo veo que tengo una patria muy linda y tengo que defenderla de la infamia yanqui. Este héroe del pueblo cayó a las ocho de la noche de ese día, con el estómago perforado por una bala expansiva en la esquina de las calles de Arista e Independencia.
  




 En la lucha por la defensa del puerto de Veracruz en 1914,  es necesario aclarar que no fue el Ejército Mexicano quien defendió a la patria, sino el pueblo veracruzano y la Heroica Escuela Naval, quienes  se volcaron al propagarse la noticia del desembarco por parte de los invasores. Es por ello que Gilberto López y Rivas en un artículo de La Jornada del 21 de abril del 2014 “A un siglo de la Invasión de EU a Veracruz”, mencionaba: “La lucha por la soberanía, a la cual han renunciado los actuales gobernantes, se dejó sentir de otras formas. Sectores importantes de la población no se plegaron a las amenazas y los ordenamientos del gobierno militar impuesto por los invasores. En contraste con esta actitud valiente y digna, empleados municipales y de aduana, comerciantes y algunas familias de la burguesía porteña colaboraron activamente con el enemigo, recibiendo el repudio y el desprecio abierto de la mayoría de la población veracruzana.”

Y concluye diciendo López y Rivas, “que los veracruzanos fueron héroes anónimos, sin lápidas ni monumentos que honren su memoria. Es más, varias de las placas que recordaban a las víctimas de la intervención yanqui en el muelle y en otros lugares del puerto fueron destruidas por autoridades municipales en un esfuerzo continuo por negar al pueblo su lugar en la historia: borrar todo aquello que fortalezca el espíritu antimperialista de los mexicanos.”

Finalmente, quisiera terminar diciendo que existe la enorme posibilidad de que  los obreros que vivían en la Congregación Molino de Pedreguera, después de que formaran legalmente su sindicato (1919) y luego de que  recibieran la tierra (1921);  decidieron cambiarle el nombre al poblado, para  hacerle honor a un proletario que se llenó de gloria en la defensa del puerto de Veracruz. Con ello,  borraban para siempre  lo que hasta ese día había significado una de las formas más terribles de explotación en México: la hacienda.


* La fotografía del Sr. Andrés Montes Cruz, estuvo circulando por las redes sociales durante los  festejos del centenario de la defensa del puerto de Veracruz. 
   
Referencias bibliográficas:

-Veracruz Mártir: La infamia de Woodrow Wilson (1914). María Luisa Melo de Remes. México. Edición de la autora, 1966.

-Datos históricos de nuestro sindicato emancipador revolucionario de San Bruno
Xalapa, Ver; 1989 Editora del Gobierno del Estado de Veracruz. pags, 9- y 12

-La invasión yanqui en 1914. Justino N. Palomares. D.F. 1940





sábado, 14 de junio de 2014

Francisco Jiménez : Otro de los caídos.

Ignacio Lara Hernández.

De izq. a der. Lidia y Francisco Jiménez  e Isabel Argüelles. 
  No cabe duda que en aquel  28 de agosto de 1924, transcurrieron una serie de hechos que poco a poco se han ido olvidando;  pero que con un poquito de convivencia  nuevamente la gente los vuelve a poner en la memoria. Y es que ahora que los vecinos del barrio decidieron tomar bajo resguardo  la fábrica de San Bruno, la gente se reúne en su interior y conviven con sus antiguos conocidos y familiares, saliendo a relucir nuevamente varios hechos  que acontecieron  aquel terrible día.

La Señora  María Estela Montoya, vecina del barrio y extrabajadora del Sindicato Textilero de San Bruno, nos platica como en esa fecha , casi matan a golpes al Sr. Francisco Jiménez, quien fuera padre de Honorato Jiménez; uno de los fundadores del “Círculo Fraternal de Obreros”. Esa Unión, fue el germen del Sindicato Emancipador Revolucionario de San Bruno; fundado el 24 de mayo de 1908.

La historia empieza de la siguiente forma, que si no hubiera sido cierta sonaría a cuento,  pero que  por desgracia fue verdad; y forma parte del pasado sangriento de nuestro querido barrio:

Francisco Jiménez era obrero en la fábrica de San Bruno, y a ciencia cierta no se sabe cual era su puesto o lugar designado de trabajo; pero ese fatídico día del 28 de agosto de 1924, Francisco se encontraba en la puerta de la fábrica. Se cree que él era quien cuidaba  la entrada   o que tenía alguna labor de vigilancia, pero el caso es que  ese día le tocó la de malas y con mucha valentía  recibió a los facinerosos que aquella mañana habían decidido asaltar dicho inmueble.

Cuenta la Sra. María Estela Montoya , que su tía Lidia Jiménez (nieta de Francisco Jiménez) le dijo  que su abuelo fue brutalmente golpeado. Me contaba ella que  ese día, él quedó terriblemente inflamado de la cara  y de diferentes partes de su cuerpo; lo golpearon hasta que se cansaron con las culatas de los rifles.Tal vez por eso, mi tía pensaba que su abuelo estaba cuidando la puerta ese día. Señala tranquilamente la Sra. Montoya.

-Luego que lo golpearon hasta que se cansaron, lo dejaron tirado medio muerto; fue por ello que tras algún tiempo de permanecer en su domicilio, jamás volvió a presentarse a trabajar en la fábrica-. El Sr. Francisco Jiménez murió a causa de la golpiza que le propinaron esa fatídica mañana , y por tal motivo;  a éste ya no le tocó participar en las brigadas de búsqueda  que se hicieron para encontrar a sus compañeros secuestrados. Cuenta la historia oficial que 11  meses después los ubicaron en una fosa común  en Plan de Naranjillo, muy cerca de Rancho Viejo; municipio de Tlalnelhuayocan.

El señor Francisco Jiménez como ya se dijo anteriormente, fue padre del Sr. Honorato Jiménez ( nombre que lleva una calle de la colonia Obrero Campesina, en su homenaje por haber sido uno de los fundadores del Círculo Fraternal) y abuelo de Jesús Jiménez; quien también trabajó por muchos años en la fábrica de San Bruno. Desafortunadamente, no hemos podido encontrar ninguna fotografía del Sr. Honorato Jiménez para la presente  publicación.

A fuerza de ser exagerados, surge la pregunta de si en realidad fue atacado por estar en el momento y lugar equivocados, o bien, por ser padre de un distinguido sindicalista.

Jesús Jiménez, extrabajador de la Fábrica de San Bruno.


Fotografías Proporcionadas por la Sra. María Estela Montoya, extrabajadora del Sindicato Textilero de San Bruno.

sábado, 7 de junio de 2014

SE BUSCA

Inocencio Castañares 



Estamos en el umbral de los preparativos para el homenaje a nuestros mártires del 28 de agosto de 1924. Como se podrá observar, en este 2014 celebraremos el noventa aniversario. Indefensos fueron masacrados por eso queremos hacer un reconocimiento a los deudos de:

Isidoro Abeldaño

Alberto calderón
Honorio rodríguez
ysauro sánchez
Herón Pérez

José hernández
Ignacio viveros

Manuel Hernández

Esequiel Alatriste
Francisco moreno
Fidencio Ocaña*
Armando Ramírez*

Se respetó la forma en que fueron escritos sus nombres en la fotografía.

*no se cuenta con fotografía de ambos.

M – 28